Liliana comenzó su camino en la gastronomía desde muy joven, influenciada por su madre y su gran familia. A los ocho años, ya mostraba interés por la cocina, observando a su madre preparar comidas para su numerosa familia. Con el tiempo, su amor por la repostería creció, y aunque no siempre tuvo claro cómo organizarse, comenzó a vender pan y empanadas en su vecindario, lo que le permitió dar sus primeros pasos como emprendedora.

En 2013, tras una separación y con cuatro hijos a su cargo, Liliana decidió que era momento de empoderarse y buscar nuevas oportunidades. Comenzó a vender tortas y bizcochuelos, siempre buscando mejorar y aprender. En 2015, a los 50 años, se inscribió en una tecnicatura de gastronomía, convencida de que un título le abriría más puertas en su carrera.

Durante la pandemia, aunque su emprendimiento se vio afectado, Liliana continuó trabajando y adaptándose a las circunstancias. Hoy en día, disfruta de crear decoraciones y diseños personalizados para sus tortas, siempre buscando innovar y mantenerse al tanto de las tendencias en repostería. "Me gusta jugar con los colores y saber qué es lo que buscan mis clientes", comentó.

Finalmente, Liliana destacó la importancia de las redes sociales en su negocio. Aprendió a manejarlas durante la pandemia y se dio cuenta de que Instagram era una herramienta clave para llegar a más clientes. "Es fundamental animarse a usar las redes y mostrar lo que uno hace", concluyó.

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